domingo, 24 de mayo de 2009

La Alcaldía Metropolitana

La violencia no deja de tener
cierto parentesco con el miedo

Arturo Graf (1848-1913)
Escritor y poeta italiano.

El 23N-2008, Antonio Ledezma, le ganó la alcaldía Metropolitana al mejor candidato del chavismo. Casi 800 mil vecinos de la Gran Caracas votaron por el candidato unitario de la sociedad democrática. Chávez perdió la plaza más importante desde el punto de vista electoral. Un buen demócrata acepta los resultados, acata la voluntad popular y convoca a la unidad nacional para echar andar el aparato del estado en la búsqueda de ofrecer la mayor suma de felicidad a sus connacionales. Esa era la respuesta lógica ante el castigo que le infligieron los electores. En democracia, hay que asumir las derrotas con gallardía. No queda otro camino.

En este caso, la reacción fue todo lo contrario. Desconocen la voluntad popular, no permiten la entrada del alcalde legítimamente electo a las instalaciones del edificio que desde la colonia, se la asignó a la máxima autoridad de la capital, inventan un adefesio legal, le quitan las competencias, los recursos de todas las leyes especiales (FIDES; LAE, Situado Constitucional), nombran a dedo una autoridad espuria, que ahora luce intoxicada de tanto poder y competencias que no arranca, ni arrancará porque sencillamente, no tiene legitimidad, no tiene compromisos con los electores y peor aún pareciera que no tiene capacidad para ejercer tan altas responsabilidades. Los grandes perdedores son y serán los vecinos de la Gran Caracas.

Es tanto el atropello, el abuso y el arrebatón del que es víctima el alcalde legítimamente electo Antonio Ledezma, que el adefesio legal que crearon para nombrar una virreina a dedo, cada vez que observan algún detalle que se les escapó corren a la “soberana” Asamblea Nacional a modificarlo para incluirlo y continuar estrangulando las competencias e ingresos de la Alcaldía Metropolitana. En estos días, incluirán en la ley, que los VOTOS que sacó Ledezma hay que endosárselos, por fuerza de ley, a la virreina de Caracas quien ha dicho y sostiene que “el dedo de Chávez, es el dedo del pueblo”. Una guará diría un barquisimetano.

Uno puede inferir, entonces, que como el dedo de Chávez, es el dedo del pueblo, en cualquier momento puede rectificar el error que le cometieron los casi 800 mil dedos del pueblo, que dejaron constancia de ese voto por Ledezma manchándose el dedo de tinta indeleble. Hubo un error en esos dedos que son mis dedos, dirá el comandante en un Aló, presidente y el pelotón de áulicos que integran la “soberana” Asamblea Nacional volarán a modificar la ley para contemplar que los votos no son de Ledezma, son de Chávez y él como exegeta supremo del pueblo se los adjudica a Jaquelin Farias y sanseacabó. Es el respeto a la voluntad popular en el socialismo del siglo XXI.

La violencia física que se manifestó en el asalto a la sede de la Alcaldía Metropolitana, la violencia que se manifiesta con la aprobación de adefesios legales para arrebatar las competencias a las autoridad legítimamente electa, la violencia contra el pueblo al no respetar su voluntad e intención expresada en las urnas electorales, podrá vencer, pero no convencer y, sí le ponen el oído al pueblo, podrán constatar que están perdiendo al batalla la opinión pública que es la primera de todas las fuerzas. Bolívar dixit.

Ya lo dijo el poeta Antonio Machado “Caminante no hay camino se hace camino al nadar” y la sociedad democrática con Ledezma como líder están construyendo el camino para devolverle un sistema de libertades y de respeto a al voluntad popular de todos los venezolanos. ¡Por ahora! No lavan ni prestan la batea. No os desesperéis, a la hora de pagar nadie es tramposo y no hay un ápice de dudas: Esa violencia lleva buena carga de miedo y el miedo es libre.