viernes, 5 de febrero de 2010

La Espada de Bolívar

El precio de la grandeza es la responsabilidad
Eugene Fitch Ware (1841-1911)
Poeta estadounidense.

“Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”, corean las masas de todos los pueblos del sur. La búsqueda de más libertad, justicia e igualdad de oportunidades, recuerdan la gesta histórica de nuestro libertador y se utiliza, el arma que utilizó en su épica memorable, como inspiración. Esa arma de guerra forma parte de nuestro patrimonio histórico y sus réplicas sólo eran entregadas a los oficiales que alcanzaban el grado de General de Brigada. Estos las conservan como un recuerdo de su ascenso a tan digno rango. Eso, incluso, creo está reglamentado. Los militares son los que conocen esos intríngulis.

Desde que llegó el Teniente Coronel Chávez al poder, resentido quizás porque no llegó a ser honrado con tan preciada joya de guerra histórica, la tomó por entregar las replicas a gente, que a mi humilde entender, no son merecedoras de tan alta distinción, lo que hace que esas réplicas, pierdan el valor dignificante y honorífico que tiene como símbolo de libertad. Los ejemplos huelgan y no vale la pena ni nombrarlos, para no manchar de sangre estas líneas y escribir los nombres de dictadores sanguinarios y con las manos llenas de sangre a los cuales se les ha entregado. Vergüenzas mundiales y emblemas de todo lo contrario de una palabra tan bella como LIBERTAD. Con la verdad ni ofendo, ni temo.

No contento con hacer fiesta y carnaval con las réplicas de la espada de Bolívar, ahora el Presidente, vestido de militar, celebrando un golpe de estado fallido, utilizando un escenario castrense y haciendo alarde de una valentía y guapeza que no exhibió el 4F cuando se escondió en el Museo Militar y el 11A “Se le solicitó la renuncia, la cual aceptó” y se entregó acompañado de su Casa Militar mansamente y por sus propios pasos en el Fuerte Tiuna, amenaza a la juventud estudiantil, que sale a protestar porque no hay agua, electricidad y seguridad, con las manos pintadas de blanco y coreando un, dos, tres tás ponchao, con sofocarlos utilizando, metafóricamente, la espada de Bolívar o lo que es lo mismo las armas de la república. Guapo y apoyao.

Ni la espada de Bolívar, ni las armas de la república, ni los honorables hombres de uniforme le pertenecen y puede manejar a discreción. Las gloriosas Fuerzas Armadas de Venezuela, tienen muy bien definidas sus competencias en el Constitución Nacional. “Maldito el soldado que vuelva las armas de la república contra su pueblo” sentenció el Libertador. Hoy más que nunca cobran vigencia esas sabias palabras de Simón Bolívar. Y, algo más, los estudiantes que protestan, son hijos de nuestros militares, que también viven, sufren y padecen el caos del siglo XXI, que nos ha impuesto el comandante Chávez. Hay que tener cuidado con lo que se dice. El tiro puede salir por la culata.

Los venezolanos, civiles y militares, estamos obligados a respetar y hacer respetar la constitución y las leyes. Nadie, por muy macho men que se crea, valiéndose del alto cargo que ocupa transitoriamente, puede ordenar un fratricidio y menos inducir una guerra civil que bañe de sangre las calles del país. Hay que ponerle el oído al pueblo, se impone el diálogo, la concertación y la corresponsabilidad. El gobernador del estado Lara dio un paso al frente. Es un ejemplo a seguir.

Hay que dejar tranquila la espada de Bolívar, ella es para defender nuestra soberanía, garantizar la paz, la tranquilidad, la libertad y la democracia interna. Hay que tener sentido de la grandeza. Eso se logra actuando y hablando con responsabilidad. ¡Cuidado! con el efecto bumerang.