sábado, 25 de agosto de 2007

La riqueza de la faja petrolífera del Orinoco

La riqueza no consiste en la posesión de los
tesoros y sí en el uso que se debe hacer de ella

Napoleón Bonaparte (1769-1821)
Emperador de Francia (1804-1815)

El petróleo es nuestra suerte y nuestra desgracia. Nuestra riqueza y nuestra miseria. Nuestra posibilidad se salir del atraso y el subdesarrollo y el que nos mantiene en permanente retroceso. Es quien proporciona las divisas para asegurarnos la soberanía alimentaria y por desgracia, a falta de políticas acertadas, esos recursos los utiliza el gobierno para hacernos más dependientes. El oro negro es nuestra alegría y nuestra infelicidad. Lo importante es que existe y peor sería no poseerlo. ¿Somos un país rico? ¡No! Hay un gobierno rico, un pueblo pobre y eso es otra cosa.

En todo el corazón de la faja petrolífera del Orinoco, hay poblaciones que prueban fehacientemente que la explotación petrolera, no entraña per se, bienestar, riqueza, desarrollo y mucho menos mejoras en la calidad de vida de quienes tienen la suerte – o desgracia – de vivir en ese entorno. En San Diego p.e, la electricidad es un desastre, el suministro de agua es una calamidad, el desempleo es cruel, la delincuencia está desatada y para colmo de males, la población flotante, llevó enfermedades infectocontagiosas que aunado al precario servicio de salud, existente, acrecienta los riesgos de los afectados.

La carretera Santa Clara – el Guasey – San Miguel es una necesidad perentoria. La ampliación de la red eléctrica desde Santa Clara, hasta el Guasey es una vieja aspiración de la comunidad indígena. Las vías de penetración de la zona rural hay que literalmente rehacerlas. La industria petrolera, está obligada a garantizar servicios públicos eficientes, carreteras y vías de penetración rural en buenas condiciones y los gobiernos local, regional y nacional, seguridad, política crediticia y asesoría agrícola a los pocos que todavía están aferrados a las labores del campo. Es la única manera de que el petróleo se convierta en una bendición y no una tragedia como hasta ahora.

Uno humilde vecino de estás comunidades, se queda abrumado, cuando el Presidente Chávez asegura, con datos estadísticos en la mano y producto de análisis técnicos probados, que estamos ante el más grande reservorio de oro negro del mundo. También quedamos boquiabiertos, cuando propios y extraños, nos aseguran que nuestras poblaciones, asentadas en la Mesa de Guanipa poseen, los más grandes acuíferos de América del sur, que estamos muy cerca del desarrollo hidroeléctrico más grande del país como el de Guayana y el corazón gasífero de Venezuela y que estemos a estás alturas del siglo 21 viviendo en condiciones precarias y sin posibilidades de brindar condiciones para un desarrollo armónico, sostenido y sustentable.

El gobierno nacional, está obligado a concertar esfuerzos, establecer planes y proyectos conjuntos, con los gobiernos regionales y locales para revertir urgentemente esta situación y la riqueza del oro negro pueda servir para apalancar, no sólo el desarrollo de otras naciones y pueblos, sino también de quienes tienen el derecho primario como dueños del petróleo. Es hora de que, la riqueza petrolera se convierta de verdad, en nuestra suerte y no en la tragedia en la cual nos ha sumergido. Existe una inmensa deuda social y llegó el tiempo de saldarla.
La mejor acción patriótica del gobierno es hacer buen uso de la riqueza de la faja petrolífera del Orinoco reinvirtiéndola en la nación. Los pueblos del sur de Anzoátegui, claman porque así sea. Es justicia.