sábado, 7 de noviembre de 2009

La tarjeta única ¡vida o muerte!

La falla de nuestra época consiste en que sus
hombres no quieren ser útiles sino importantes

Sir Winston Churchill (1874-1965)
Político inglés.
Uníos, uníos o la anarquía os devorará, nos repetía el Libertador. La urgencia de los tiempos que vivimos demanda la unidad de los factores de oposición. La sociedad democrática lo pide a gritos. Las experiencias recientes nos indican que unidos somos invencibles. Las encuestas indican que vivimos un momento estelar que favorece la opción de los sectores democráticos. Los métodos para escoger los candidatos están definidos y sólo hace falta una tarjeta única para lograr la unidad perfecta. La victoria sería de antología.

Hay quienes opinan que presentar una tarjeta única, haría perder la identidad a los partidos. También aducen que una vez pasado el proceso electoral quedarían ilegalizados. Argumentan que habría que recoger firma de nuevo y la guinda del pastel es que hay “lideres” que juran que sus partidos son grandes, fuertes y con una votación cautiva que les garantiza una mayoría avasallante sobre los demás. Relincho de caballo capón. En este momento no hay partidos de oposición grandes ni pequeños. Todos son minipartidos que no llegan al 5% y todos apenas llegan al 12% de las preferencias del electorado. Esa verdad la reflejan todas las encuestas y en las calles el descontento es ruidoso. Estamos obligados a oír. Lo otro es suicidarse en primavera.

Otros piensan que presentar una tarjeta única es concederle la razón a los que juegan a la antipolítica. ¡Falso! Este momento demanda sacrificios. Defendemos las siglas partidistas, perdemos la democracia y la patria. Sacrificamos momentáneamente esas siglas, obtenemos una espectacular victoria, salvamos la democracia, rescatamos la patria para los venezolanos – hoy está entregada a los cubanos – obtenemos una mayoría relevante en la Asamblea Nacional, aplicamos la Constitución Nacional para nombrar unos poderes autónomos e independientes y volvemos al indispensable equilibrio de poderes hoy concentrado autocráticamente en Miraflores. Está clarito. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Una vez que tengamos poderes independientes, autónomos y al servicio de país, todos los mecanismos democráticos se flexibilizan, se facilita la reinscripción de lo todas las organizaciones políticas y lo más importante habrá tiempo para fortalecerlos, relanzarlos y enfrentar con éxito la contienda electoral del 2012. La necesaria unidad es de vida o muerte. Con ella revitalizamos la gran esperanza del pueblo, movilizamos a muchísimos electores abstencionistas y la gente apostará a ganador. Es la formula ganadora. Lo que está a la vista no necesita espejuelos.
Los partidos políticos son los pilares fundamentales de todo sistema democrático. Una verdad irrefutable. Nos presentamos desunidos, perdemos las parlamentarias, defendemos las siglas partidistas, nos presentamos desunidos, terminamos de perder la democracia y entonces ¿Para que servirán los partidos en ausencia de democracia? Vamos a rescatar la democracia primero. Esa es la tarea prioritaria. Es el momento de ser útiles, lo demás vendrá por añadidura. No nos caigamos a embustes. La tarjeta única es de vida o muerte. Para la democracia. Hay que ponerle el oído al pueblo.