viernes, 20 de noviembre de 2009

Desgraciados, ¿quiénes?

Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho
Sófocles (496-406 a.C)
Dramaturgo ateniense.

El Presidente asegura que su homologo colombiano Alvaro Uribe Vélez, es un desgraciado y además que desgració a su país. Descubrió el mal ajeno y no se percata de la obvia desgracia en que tiene inmerso el país. Chávez pretende que desviemos la atención para que no veamos y hasta nos olvidemos de nuestras propias desgracias. El problema de los colombianos es de los colombianos. Ellos escogen su destino y nosotros el nuestro. Ubiquemos cada realidad en su contexto. Mal de otro consuelo de tontos.

Cuando el Presidente Chávez nos señala que Uribe y su país están desgraciados, o sea que viven en una eterna desgracia, por contraste, nos pretende decir que en estos 11 años de “involución” él es un Mesías que nos llenos de fortuna, prosperidad y felicidad. Veamos nuestro cuadro de felicidad.

La población venezolana esta a merced del hampa. Es muy afortunado que ya hay que encerrarse en la casa porque las calles son de la delincuencia. Es un hecho afortunado que ya la violencia en las calles lleve en este año cifras espeluznantes de muertes civiles y más de 50 agentes de las diferentes policías y que ya ni los jóvenes – a eso que no podemos fallarles, Chávez dixit. – puedan asistir a liceos y universidades porque corren el riesgo de ser atracados, heridos y hasta asesinados a manos de una delincuencia desbordada y descontrolada. Esa fortuna tenemos que agradecérsela a Chávez. No se queje, los desgraciados son los colombianos.

Es un hecho afortunado para los venezolanos que aparezcamos en los record de corrupción mundial como líderes imbatibles. Muy afortunado que los gobiernos locales y regionales rojos rojitos no recojan ni la basura y monten vertederos en las zonas urbanas poniendo en serio peligro la salud de los vecinos. Es afortunado que en Venezuela no se respete la voluntad popular y los gobiernos electos por la soberana voluntad del pueblo, les priven de los recursos que por ley les corresponden y no puedan ejercer las competencias ni siquiera en materia de prevención del delito. Eso no sucede en Venezuela. Eso lo hace el desgraciado Uribe. ¡Que desgracia!

Somos tan afortunados los venezolanos, que cuando acudimos al mercado nos enfrentamos a una pavorosa escasez – no hay azúcar, café y muchos otros rubros de la dieta diaria – una criminal especulación y una salvaje inflación. Es afortunado, para los que vivimos en la patria de Bolívar, que nuestra moneda está más débil y súper devaluada que el peso colombiano, que por añadidura, están desgraciados por las desgraciadas políticas económicas que le impone su desgraciado Presidente Uribe. Somos afortunados los venezolanos que disfrutamos de servicios públicos eficientes. El agua y la electricidad son racionadas en Colombia por el desgraciado Uribe que desgració a su pueblo. En Venezuela todo funciona por la eficiencia y previsión revolucionaria y la felicidad que nos provee Chávez. No se queje de su suerte. Desgracia viven los colombianos.

Ay, Presidente aterrice porque desgraciado es aquel, que ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio. Hay que rogarle, llorarle, suplicarle, invocarle e implorarle al afortunado Presidente Chávez que vuelva la mirada hacía Venezuela, para que vea – sin ayuda de lupas – la desgracia en que vivimos los venezolanos. Ya ni el Metro funciona y en las desgraciadas aglomeraciones que se hacen por efectos de los retrasos, sale más de uno desgraciado por efecto de los robos y la violencia. Una realidad revolucionaria, pero terrorífica.

No hay un ápice de dudas. Afortunada la chaviburguesía, que no vive la desdicha para que sus almas vean la desgracia. Desgraciados los venezolanos que vivimos y dormimos en medio de la desdicha y vivimos con miedo. El que tenga ojos que vea dónde está la desgracia y quienes son los desgraciados.