lunes, 2 de noviembre de 2009

La gran esperanza del pueblo

Es inútil toda polémica si no hay
esperanza de que resulte provechosa

Juan Luís Vives (1492-1540)
Humanista y filósofo español.

La celebración de las elecciones parlamentarias en el año 2010, nos colocan ante la brillante oportunidad de derrotar al régimen chavista, recuperar para el pueblo la Asamblea Nacional, desde ese escenario equilibrar los poderes públicos y allanar el camino para que en el 2012, podamos tener en la Presidencia de la República un nuevo mandatario nacional, que restañe las heridas, supere las divisiones, los odios y convoque a una gran unidad nacional para sacar al país del marasmo e iniquidad en que lo ha hundido Chávez y su logia militar. Es la gran esperanza de la sociedad democrática.

Esa gran esperanza, está en manos de los partidos políticos. La sociedad democrática pide, exige, ruega, suplica e implora la unidad perfecta de los factores opositores dónde puedan tener cabida distinguidas personalidades de la vida nacional y en torno a los cuales puede lograrse un fácil consenso. En lo que respecta a las organizaciones políticas, dónde todo el respira aspira con legítimo derecho. Eso es lógico, razonable, aceptable, natural y no puede ser una hecatombe. Es compleja la situación, pero tiene solución. Hay métodos para escoger los más representativos, legítimos y que estén comprometidos hasta los tuétanos a cumplir responsable, cabal y con integridad la función parlamentaria en beneficio de las grandes mayorías y no estar al servicio de un autócrata como en el presente. El fondo esta claro, la forma tiene que estar expedito para que no se frustre la gran esperanza de un pueblo que aspira la unidad perfecta.

Los problemas por más difícil y complejos, tienen solución, sobre todo si ya hay antecedentes infortunados que no deben repetirse. Los errores de ayer, no justifican los de hoy y mucho menos debemos acentuarlos para comprometer el futuro que se nos presenta extremadamente promisorio. Los pactos cogollericos, que hicieron un daño terrible en el estado Anzoátegui con la concreción de nefasto pacto PAPI – MAMI, es una referencia criminal que no debe reproducirse más nunca. El nepotismo es la desviación más perversa de un sistema democrático y si ella va acompañada por una componenda pública, notoria y comunicacional creyendo que los electores son una manada de estúpidos, los resultados no se hacen esperar. El 23N – 2008 es un ejemplo ilustrativo e impecable de lo que no debe hacerse. El pueblo reaccionó y los resultados reflejan su sabiduría y espíritu levantisco y retrechero. No os equivoquéis.

En nuestro caso particular, creemos que no debe cerrarse ningún método que garantice la unidad en cualquier circuito, localidad o en la conformación de las planchas. Creemos que las direcciones nacionales de los partidos políticos, no pueden secuestrar esa selección y mucho menos reproducir los pactos cogollericos y el nefasto nepotismo. Hay que ponerle el oído al pueblo, cada región tiene sus particularidades, habrá lugares dónde habrá consenso en torno a un liderazgo indiscutible. En otros sitios los candidatos pueden ponerse de acuerdo para respetar los resultados de una encuesta. En el caso dónde no se den las dos anteriores circunstancias, hay que aplicar el método de las primarias. El precandidato que tenga miedo a participar, está derrotado de antemano. ¿Para qué quiere ser candidato? En esas realidades tenemos que entendernos en las regiones, para salir con éxito de este grave compromiso. Un pacto en Caracas de espaldas a la gente es suicida y frustraría una vez más la gran esperanza del pueblo.
En manos de los factores políticos está la suerte del país. Hay que jugar cuadro cerrado en torno a la unidad y el mejor método para escoger los candidatos que garanticen la unidad. La polémica debe ser útil y provechosa para no matar la gran esperanza del pueblo.