viernes, 11 de diciembre de 2009

Chávez y La Campaña Admirable

Jamás hubo una guerra buena
o una paz mala
Benjamín Franklin (1706-1790)
Político, filósofo y científico estadounidense.

El presidente Chávez, en una de sus características huidas hacía adelante, nos amenaza con una Campaña Admirable. Pareciera no percatarse u obviar que el casco de flotación de la nave revolucionaria ya tiene un boquete inmenso que el mísil de la corrupción certeramente le abrió y que lo tiene a punto de convertirse en otro Titanic. En todo caso le concedemos el beneficio de la duda y nos atrevemos a sugerirle algunos frentes de batalla para beneficio, no de la revolución – esa no tiene salvación y llegará a duras penas hasta el 2012 – lo hacemos a favor del gentilicio venezolano. Veamos:

El primer frente de batalla liquidar la conflictividad. El pueblo está hastiado de tanta confrontación estéril, la crispación permanente y el discurso guerrerista y divisionista. Al contrario de lo que usted pregona Presidente: la reconciliación es posible. Empiece por liberar los presos políticos ¿Tendrá voluntad política para intentarlo? Uno no sabe. Amanecerá y veremos.

El segundo frente de batalla es luchar a fondo contra la inseguridad y la impunidad. Hay que concertar políticas públicas de seguridad con todos los sectores de la sociedad venezolana para garantizar la vida y los bienes de la gente. En esa materia es indispensable respetar la voluntad popular, la autonomía del poder judicial y establecer estrategias y tácticas comunes con alcaldes y gobernadores electos legítimamente.

El tercer frente de batalla es la preservación de los inmensos recursos económicos que ingresan por concepto de la venta del petróleo y el SENIAT, para mencionar dos de las más importantes fuentes de ingresos al fisco nacional, para solucionar los problemas de los venezolanos. Hay que dejar la regaladora y cerrar el grifo de la corrupción.

El cuarto frente de batalla es contra el burocratismo corrupto e ineficiente incorporando gente decente, diligente y eficiente que trabaje para mejorar la calidad de los servicios públicos. Para eso es vital OCUPARSE de las tareas diarias que le corresponden, Presidente, como primer servidor público.

El quinto frente de batalla es reactivar la Comisión Tripartita dónde se sienten los empleadores y los trabajadores con la mediación del gobierno – no de ninguna revolución – del gobierno, repito, para responsable y patrióticamente discutir los contratos colectivos, recuperar la paz social y dar el primer paso para reanimar la productividad.

El sexto frente de batalla es contra la chaviburguesía que florece en su entorno familiar y gubernamental. La olla putrefacta de la corrupción ya está derramada. Procede entonces identificar a los responsables, llevarlos ante la justicia, enjuiciarlos – caiga quien caiga – y detener, al menos hasta el 2012, esa desagüe corrupto descomunal de los dineros públicos.

El séptimo frente de batalla tiene que ser para buscarle solución al problema de la basura. Este flagelo ya atenta contra la salud de todos los venezolanos. Es un problema que posee 4 soles y desde hace bastante tiempo ascendió en todo el territorio nacional a general en jefe. ¿La limpieza es contrarrevolucionaria? Merecemos un medio ambiente sano.

El octavo frente de batalla tiene que ver con la reactivación del aparato productivo del país. Hay que mirar hacía nuestros empresarios, productores y emprendedores. Adelantar políticas públicas de estímulos para garantizar nuestra soberanía alimentaria. Hoy tenemos una economía de puerto que nos convierte en flanco débil ante cualquier eventualidad.

El noveno frente de batalla es revisar sus servicios de inteligencia. Social, político y militar. Hasta ahora han demostrado ser muy vulnerables. El caso de los banqueritos chaviburgueses, cuya macolla está intacta, es una muestra palpable. No diga que lo engañaron, porque resultará peor el remedio que la enfermedad.

El décimo frente de batalla es cambiar el estado mayor gubernamental. En estos 11 años han demostrado con creces que son ineficientes y corruptos en su gran mayoría. La chaviburguesía fue adelantada, impulsada, alimentada, protegida desde adentro. El Presidente sabe que, no hay cohecho sin cohechador. Rómulo Betancourt dixit.

Una interrogante. ¿Presidente, aspira de verdad, obtener la victoria en esa Campaña Admirable? De de afirmativa su respuesta, entonces, olvídese de enemigos externos. Los bichos son endógenos y están en su entorno familiar y gubernamental. Sacúdaselos y llegue al 2012, un poco más limpio de putrefacción, eso le permitirá entregar la banda presidencial e irse con un poco más de tranquilidad, a colgar su chinchorro en el Cajón de Arauca y dejar al país en paz.

A mis lectores, les adelantó. Estas recomendaciones las hacemos conscientes de que “Aramos en el mar” No hay, ni habrá voluntad de rectificación, de reconciliación y menos voluntad política para dedicarse a trabajar por el país. En este barco, la chaviburguesía sigue el festín de la corrupción, sin percatarse que se están hundiendo. Titanic robolucionario a la vista y todavía buscando guerras que nunca han sido buenas. Ante esa realidad no queda otra que seguir el consejo del Libertador “Uníos, uníos o la anarquía os devorará”