viernes, 9 de julio de 2010

Ojos rojos rojitos para ver el desastre

Dichas que se pierden son desdichas más grandes
Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)
Dramaturgo y poeta español

El caos se apoderó de la ciudad. La llegada de las lluvias acrecentó el desastre. Calles destrozadas, basura por doquier, drenajes taponados y obstruidos por la cantidad de desechos, la maleza enseñoreada en las áreas verdes, plazas y redomas. No hay el más elemental mantenimiento urbano. Un desastre total ante la mirada indolente del alcalde más inepto, gandul y pata e’ rolo, que hayamos conocido en la historia de nuestra pequeña urbe. No entendemos, porque algunos dirigentes rojos rojitos, que dicen tener un compromiso social, socialista y revolucionario, con la comunidad se molestan cuando uno escribe acerca de este evidente desastre, cuando la obligación es llamar a la rectificación. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

El poder, pareciera obnubilarlos, brindan solidaridad automática. Nunca he jugado, juego, ni jugaré al fracaso de ningún gobierno local. Ofrezco mis humildes opiniones buscando ceñirme a la más rigurosa verdad. No invento. Observo, vivo y sufro como vecino de esta comunidad, todas las calamidades que caen sobre nuestra ciudad. Mis observaciones, sólo buscan llamar la atención de las autoridades competentes y líderes políticos comprometidos con una gestión de gobierno para que asuman su responsabilidad y mejoren la gestión. No buscamos montarnos sobre un desastre para justificar aspiraciones políticas. Estamos bien lejos del proceso electoral local. Nuestro objetivo es lanzar un grito a tiempo. La ciudad se hunde en el caos. Ese es el punto.

Estas posiciones serias, responsables y cargadas de honestidad, nos han traído consecuencias bien difíciles en el pasado. Campañas de desprestigios, amenazas de muerte, descalificaciones personales, políticas y familiares. El costo ha sido alto, pero lo hemos soportado estoicamente en obsequio a la verdad y la realidad que observamos. Atendemos los dictados de nuestra conciencia y recogemos el clamor popular. Ayer y hoy han intentado descalificar al mensajero. No entienden, descifran y mucho menos prestan atención al mensaje. En lo que llegan los resultados electorales, unos salen llorando, buscan culpables y eximiéndose de culpas y otros, aplicando la política carroñera, deleitándose con el cadáver político que dejan estas gestiones de gobierno caóticas. Nunca olvidéis. Hay que tener razón a tiempo.

Es bueno que interpretemos literalmente la sabia sentencia popular “No es culpa del ciego sino de quien le da el garrote” los rojos rojitos, encumbraron al navegao, le están dando apoyo incondicional desde la Cámara Municipal, toda la solidaridad automática del partido y la protección del gobierno regional y nacional ¿Quién o quienes están obligados a solicitar rectificación al navegao? ¿Quién o quienes asumirán el costo político de este desastre? No hay que ser pitoniso. El 26 de septiembre, en las urnas electorales, el voto castigo dirá la última palabra. Mientras tanto, seguiremos observando, viviendo, sufriendo el caos y escuchando el lamento popular y, como tenemos tranquilidad de conciencia, siempre dispuesto a aguantar el chaparrón que venga por exponer crudamente este lamentable desastre. Con la verdad ni ofendo, ni temo.

No es como le queda el ojo a los ven el desastre. La cuestión es tener ojos rojos rojitos para ver el desastre. Este desastre hay que asumirlo, decirlo y denunciarlo a tiempo, de lo contrario, no se sorprendan del castigo popular y, después lamentar, la perdida de la dicha que disfrutan. Díganlo ahora o callen para siempre, porque luego la desdicha será más grande. El navegao, por ahora, hay tienen que aceptarlo, es un ancla en el cuello de los candidatos rojo rojitos. Ay, julito y robertico. En la noche del 26 no vale desmarcarse. “Después de ojo sacao no vale Santa Lucia”.