domingo, 22 de agosto de 2010

Hugo Chávez y los saldos rojos rojitos

Humano es errar; pero sólo los estúpidos perseveran en el error
Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.)
Escritor, político y orador romano.


Van 12 años de cháchara revolucionaria. Los problemas que ofrecieron resolver se han acrecentado. La violencia criminal llega a niveles de catástrofe humanitaria. La corrupción está institucionalizada. La salvaje inflación – el impuesto más perverso que pagan las clases populares – erosiona el poder adquisitivo de un bolívar que nos vendieron como fuerte en una economía fuerte y está tan debilitado que los sueldos y salarios se vuelven sal y agua. El PIB tiene años decreciendo y, a pesar de los maquillajes, que le hacen desde el BCV no pueden ocultar lo endeble de nuestra economía. Un saldo rojo rojito.

El parque industrial es un sombrío jardín del recuerdo de lo que fue un pujante país antes de llegar Chávez al poder. Este semestre el Producto Interno Bruto se contrajo 3.5%. Eso dicho en cristiano significa, que disminuye dramáticamente la producción de bienes y servicios con relación al mismo periodo del año que pasó. Sectores estratégicos como la construcción y la manufactura disminuyeron su producción, lo que acrecienta el desempleo y hace que la única fábrica que marcha a paso de vencedores es la de pobres. En síntesis es microscópica la demanda agregada, lo que implica, que la gente consume muchísimo menos con sus secuelas de hambre y miseria. Son saldos rojos rojitos.

Las estadísticas oficiales revelan que han caído las exportaciones petroleras y no petroleras lo que presagian un futuro bien difícil. Las esperanzas de recuperación se alejan en el horizonte económico del país. Vamos de mal en peor. Tenemos una economía de puertos. Los dólares que le entran al tesoro público no los invierten en mejorar las condiciones de vida de la población. Basta observar el deterioro de los servicios públicos, la electricidad y las carreteras, autopistas y calles de todas las ciudades. La inversión productiva es una quimera. Todos los días el Presidente sueña con una idea, le meten millones de dólares, nadie hace seguimiento, fracasa y la olvidan. Los otros recursos los regalan para contribuir con el bienestar y el desarrollo de otros países cuyos mandatarios son amigos del nuestro y al final del día para los venezolanos el saldo es rojo rojito.

El gobierno en estos 12 años no sólo ha destruido el parque industrial, pulverizado el aparato productivo, dilapidado la más fabulosa riqueza jamás soñada en estos 200 años de vida republicana, alejado a los inversionistas extranjeros y nacionales, sino que también ha demostrado su gran incapacidad, incompetencia e impericia para importar. No producimos y lo que compramos en los mercados internacionales, lo hacen entregando la soberanía a ministros cubanos, con una gran dosis de corrupción e irresponsabilidad. Más de 170 mil toneladas de alimentos podridos no es cualquier cosa y en estos últimos días aparecen incinerando 200 toneladas de medicamentos vencidos mientras la gente se muere de mengua en nuestros inoperantes centros de salud pública. Una muestra más del saldo rojo rojito.

En materia de violencia criminal en estos 12 años de gobierno “involucionario” la sangre de más de 120 mil venezolanos que murieron a manos del crimen desbordado e incontrolable, marcan de rojo este desgobierno. Hay que corregir el error histórico que para Venezuela significa haber elegido a Hugo Chávez. Eso lo empezaremos a hacer este 26 de septiembre, cuando los venezolanos, que no son estúpidos para perseverar en el error, voten masivamente para elegir una Asamblea Nacional plural, con mayoría de los sectores democráticos, que empiece a revertir el desastre nacional y preparare el escenario electoral para en diciembre del 2012 eyectar del poder al responsable de estos saldos rojos rojitos y,…del salvaje empobrecimiento.