martes, 18 de agosto de 2009

¿Contradicciones o hipocresía?

La humildad de los hipócritas es el más
grande y el más altanero de los orgullos

Martín Lutero (1483-1546)
Teólogo alemán que inició la Reforma protestante.

¡Yankee go home! era en nuestra época estudiantil y es nuestra consigna como adultos. Los gringos deben volver a casa, dejar de actuar como los policías del mundo, jamás intervenir en ningún otro país. Hay que respetar la soberanía, la autodeterminación de los pueblos, haciendo bueno el principio de la no intervención. Eso por supuesto obliga a un respeto mutuo. Todos estamos obligados a mantener relaciones cordiales, enmarcadas en el acatamiento, a la dignidad, la decencia y la sobriedad, sobre todo con quien es nuestro principal socio comercial, consumidor de nuestras materias primas y proveedor de divisas. ¿Quién lo puede ocultar? Es una verdad del tamaño de los mares que separan nuestras fronteras.

¿Es válido que los venezolanos hagamos negocios con los gringos? Obvio, como debe ser obvio, que los colombianos hagan convenios con ellos. ¿Es válido que la revolución le entregue parte de nuestra soberanía a Cuba? No lo comparto, ¿traición a la patria? pero es una realidad incuestionable. La Onidex, las fuerzas militares, la seguridad del Presidente, el sistema de salud, los puertos y otras áreas muy sensibles de nuestra soberanía están entregados o al menos penetrados por servicios de inteligencia de los cubanos y ningún país de la región se ha quejado, ni se queja. Todos respetan nuestra soberanía. ¿Por qué hay montar pataletas cuando Colombia acepta un convenio militar con los gringos? ¿Y la soberanía de cada país dónde queda? ¿Por qué los gringos y no los venezolanos ofrecen ayuda a Colombia para combatir la narcoguerrilla terrorista? ¿Por qué ayudamos a Argentina, Bolivia, Nicaragua y no ayudamos a Colombia para lograr la paz y minimizar la acción del narcotráfico? ¿No parece justo que Colombia busque ayuda dónde estén dispuestos a brindársela? Hay que entender realidades y predicar con el ejemplo.

¿Es una contradicción o una hipocresía, cuando gritamos a los cuatro vientos que los gringos quieren matar al Presidente, están a punto de invadirnos y como premio les vendemos petróleo? ¿Quién hace negocios con un enemigo que quiere matarnos? ¿Porqué nosotros podemos hacer negocios con los gringos y nuestros países vecinos no? ¿Por qué pedimos, con razón, que los gringos no intervengan en nuestra región y les imploramos, irracionalmente, hipócritamente y sin razón, que intervengan y restituyan a Zelaya? ¿Queremos o no queremos de verdad que los gringos saquen sus manos de la región? Con ese discurso acomodaticio más que una contradicción lo que queda demostrado es una gran hipocresía. Hasta el público de galería ya chilla ensordecedoramente y porque no cree eso cuentos de antiimperialistas.

No hay un ápice de dudas. El antinorteamericanismo de Chávez, ya nadie se lo cree. Cuando estuvo cerca de Obama lo sorprendió con sus amapuches. Eso lo vimos en vivo y en directo. Prácticamente voló de su asiento, casi atropella a los demás presidentes para llegar dónde estaba atento a las intervenciones de sus colegas el jefe del imperio que el tanto aborrece y teme, para saludarlo, abrazarlo y regalarle un libro que muchos califican de obsoleto y periclitado. No, compadre, con enemigos así, nuestro Presidente tiene asegurada larga vida y un socio comercial que le proveerá, todos los dólares para, a fuerza de la petrochequera, continuar comprando solidaridades en el exterior y dejar a los venezolanos pasando penurias. V.gr., las parturientas dando a luz en las aceras por falta de los insumos mínimos en las maternidades y hospitales.
En la calle, dónde funciona sin censura y sin temor a cierre, Radio Bemba, hay la certeza que no son contradicciones inocentes las chácharas presidenciales contra el imperio norteamericano, ¡No, señor! Es la más vulgar hipocresía y en las elecciones del 2010 – concejales y diputados – en las mesas electorales, todos veremos que este pueblo retrechero, levantisco y digno, no se está creyendo el ejercicio de hipocresía presidencial contra los gringos. Nadie, cree ese discursos por muy repetitivo y convincente que lo intenta mostrar. Con esa humildad de hipócrita, en la próxima entrega, nos cuentan una de vaqueros.