domingo, 3 de enero de 2010

Chávez: ¡El año terminó muy bien!

El medio más fácil para ser engañado
es creerse más listo que los demás
François de La Rochefoucauld (1613-1680)
Político y escritor francés.

Nunca antes un gobierno había disfrutado de más ventajas para lucirse. Apoyo popular inmenso, los más fabulosos ingresos económicos, concentración de todos los poderes y tiempo excesivo (11 años) El fracaso es tan evidente que surgen muchas preguntas ¿Qué le faltó al comandante Hugo Chávez? ¿Proyecto de país? ¿Visión de futuro? ¿Ocuparse en buscarle solución a los problemas de los venezolanos? ¿Definición ideológica? ¿Capacidad? ¿Probidad? ¿Recursos humanos calificados? ¿Exceso de verborrea? No hay excusas. Venezuela le colocó todo en sus manos y lo tuvo (tiene) a la disposición, pero la ceguera, la falta de diálogo y el sectarismo, condujeron a la revolución a esta estruendosa desgracia. Tiempo que se va no vuelve.

Las oportunidades se aprovechan o se desperdician. La revolución no aprovechó su oportunidad, se perdió en la diatriba, la pelea estéril, inventando enemigos externos, regalando nuestra riqueza y la paranoia de una supuesta invasión. En esas ridiculeces se les consumió el tiempo y la gente observó, cómo al son de los aplausos y enriquecimiento de los incondicionales, se desperdició la oportunidad más brillante que tuvo la república para desarrollarse, democratizarse, descentralizarse y mejorar la calidad de vida de todos los compatriotas, hasta en los rincones más recónditos de nuestra geografía nacional. Esa era la verdadera revolución.

En 11 años de gobierno, la inseguridad está desbordada, la crisis de la salud convierte nuestros centros de salud en terminales de vida, la inflación acabó con el poder adquisitivo del salario real, la corrupción penetró todos los intersticios de la administración pública, la especulación se mueve como pez en el agua, la economía es tan endeble que depende de los dólares, que pueden ingresar por concepto de la venta del petróleo al imperio, para poder adquirir en el exterior los productos de la dieta diaria, lo que nos convierte en un país con una economía de puertos y para colmo de males, ahora no disponemos ni con servicios de electricidad, agua y Aseo Urbano Domiciliario medianamente confiables. Es un cuadro dantesco.

En medio de ese estruendoso fracaso gubernamental, el presidente Chávez se presenta, en cadena nacional, con su humanidad obesa, luciendo prendas de vestir de marcas exclusivas, con su corte de adulantes aplaudiéndolo y nos afirma en su mensaje de fin de año: “El año termina muy bien” obvio, termina muy bien para la familia real de Barinas, Diosdado, Jesse, Arné, JVR, Aristóbulo y los boliburgueses. Eso, no tiene discusión. Pero, siempre surgen los peros ¿Y la gente de a pie que muere a manos del hampa? ¿Y los millones de venezolanos que no pudieron comerse una hallaquita? ¿Y los que vivieron el horror de recibir el año en tinieblas, sin agua, con la basura poniendo en peligro su salud y con el hampa al acecho? ¿Y los que se vieron necesitados de ir a un centro de salud? Para ellos, terminó el año muy bien…bien mal. ¿A quién pretende engañar Chávez? ¿Es que se cree más listo que los demás? La gente no es tonta.

Este 26 de septiembre, llega inexorablemente la gran oportunidad de abrirle los ojos y ponerlo a pisar tierra votando para obtener una Asamblea Nacional equilibrada, estamos seguros, este año que iniciamos, sí puede terminar muy bien. Mientras tanto, P A N para todos “Próspero Año Nuevo”