sábado, 9 de octubre de 2010

Enseñemos con el ejemplo

Largo es el camino de la enseñanza por medio de las teorías;
breve y eficaz por medio de los ejemplos
Séneca Anneo (3 a.C. – 65 d.C.) filósofo latino.


Hay gente que cuando llega al gobierno, piensa que tomó al cielo por asalto. En este pueblo, en esta ciudad, en este estado o en este país, mandamos “nosotros”. Nosotros son él, sus áulicos preferidos y sus seguidores. Los del poder, pues. “Ellos”, los otros, no hay que reconocerlos, no tienen derechos, son apátridas, pitiyanquis, oligarcas, enemigos a los que hay que liquidar, desaparecer y hasta eliminar. Los opositores, pues. Es una conducta que se reproduce con facilidad. Hay quienes critican al autócrata mayor y sus actuaciones en localidades, superan al criticado. El pueblo les da lecciones, no las asimilan y menos las aprenden. El poder los mimetiza. No hay propósito de enmienda.

Alguien dijo que por los detalles se mete el demonio, ilustraremos esta dolorosa realidad con pequeños detalles, los cuales, para algunos resultaran nimios, pero que cuando suceden crispan los ánimos, provocan indignación e inducen a la violencia. Veamos casos emblemáticos. En los últimos procesos electorales, los que han ostentando y ostentan el poder local, no permiten que los opositores, haciendo uso de sus derechos constitucionales y legales, utilicen los sitios públicos para fijar su propaganda. Llegan a extremos de utilizar la violencia y hasta una selectiva represión fiscal, para evitar que los “otros” adelanten sus campañas publicitarias. Al final, los que ostentan el poder, tienen las ciudades llenas de propaganda y las urnas vacías de votos. Efectos contrarios a los buscados y deseados.

Los “otros” no pueden pintar un paredón – aún teniendo el permiso escrito del propietario – porque ponen en peligro el poder de “nosotros”. Entonces salen las bandas armadas y tontos útiles a borrarla o echarle un baño de pintura para dañarla. Los “otros” pegan o fijan un afiche, inmediatamente “nosotros” los del poder, vuelan a despegarlos, despedazarlos y destruirlos. Los “otros” contratan una empresa de publicidad que posee vallas a lo largo y ancho del territorio nacional y le fijan una calcomanía dejando ver que está insolvente con uno u otro municipio. “Nosotros” los del poder, contratamos la misma empresa y las vallas dónde aparecemos “nosotros” están solventes y no hay que tocarlas ni con el pétalos de una rosa. Las costuras fascistas se les ven de lejos.

Otra conducta infantil, que ya no da dividendos, es la que asumen los agraviados. Salen a jugar el papel de víctimas. Olvidan que ayer fueron los verdugos y victimarios. Ese ejercicio de hipocresía, hay que condenarlo, castigarlo, eliminarlo y corregirlo. Los abusos, la violencia, la barbarie, el ventajismo, el uso desmedido de los recursos del estado, la regaladera – a última hora – de artefactos eléctricos, ayudas especiales, bolsas de comida, toldos frente a los centros de votación, con meses de anticipación al día de las elecciones, dónde hay gastos mil millonarios, no gana adeptos, ni cambian la opinión del elector. Al contrario lo indignan y votan contra “eso”. Los resultados están a la vista. Reales perdidos.

Con esas experiencias, con esas lecciones que da el pueblo y con esos antecedentes nefastos que “todos” rechazamos – cuando nos pasan – ¿Qué tenemos que hacer? No hay otra. Actuar civilizadamente, respetar las reglas del juego democrático, reconocernos, aceptar que los derechos de los “otros” existen y que “nosotros” los que ostentan el poder transitoriamente, no deben hacer lo que no querrán que les hagan en el futuro. Es la voz de la civilidad la que se impone. La respuesta del pueblo es aleccionadora. Enseñemos con el ejemplo. Hay que respetar para que nos respeten y las enseñanzas serán bien asimiladas y practicadas. Vienen nuevos procesos electorales. Estamos a tiempo.