lunes, 25 de abril de 2011

El turismo de aventura

Una aventura es, por naturaleza, algo que nos sucede. Es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos
Gilbert Keith Chesterton (1874 – 1936)
Escritor inglés.


Nunca antes los venezolanos que tienen la obligación económica – son la inmensa mayoría – de quedarse en el país y buscan hacer turismo nacional, habían vivido tantas peligrosas vicisitudes, que le convirtieron las vacaciones, en una suerte de turismo de aventura y casi un pase al abismo. El desastre nacional no tiene parangón. Los que tienen ojos lo vieron y lo vivieron. No se puede tapar e sol con un dedo.

Con tanta inseguridad, dejar la vivienda sola, es un peripecia amarga. Luego agarrar las carreteras y autopistas, es una suerte de azar. Están totalmente destrozadas por falta de mantenimiento y las lluvias las terminaron de convertir en verdaderos infiernos. Los chaveburgueses viajan en avionetas y desconocen esta realidad. ¡Viva la revolución! El lumpen que se fuña.

Detenerse en un parador turístico, es un acto de intrepidez. Los precios de los alimentos y otros suministros, indispensables para mantener un nivel de vida aceptable, durante estos días de asueto, tenían precios prohibitivos. La inflación los disparó a niveles de terror. Los chaveburgueses, que tienen a su disposición los recursos públicos, ni lo notan. Todo, para ellos, está excesivamente normal, JVR, dixit.

Más terrenal, los que visitaron el estado Anzoátegui, aparte de sortear los peligros de las carreteras, tuvieron que lidiar con los apagones, la falta de agua en viviendas, sitios de esparcimiento y los que llegaron a El Tigre, la aventura se les complicó un poco más. Calles infernales, las cuales no tienen nada que envidiarle a las carreteras, semáforos dañados, avenidas oscuras, barrios llenos de basura, drenajes obstruidos, cloacas desbordadas, en fin, una ciudad sin las más elementales señales de transito y las autoridades brillaron por su ausencia. Un caos total. Los actos litúrgicos, en honor a la verdad, salvaron la honrilla. Dios, siempre, Dios.

Uno quisiera que las cosas hubiesen ocurrido de manera diferente. Todos aspiramos hacer turismo nacional, en el marco de la normalidad. Otros, en su pleno derecho, optan por el turismo de aventura, pero la verdad fue que todos, absolutamente todos, tuvimos que hacer turismo de aventura. El país, el estado y el municipio, todos revolucionarios, esta vez revolucionaron las vacaciones. Turismo de aventura para todos por igual. En el socialismo, no puedes escoger. El socialismo destructivo que marcha a paso de vencedores, te marca la pauta y punto.

En diciembre del año 2012, a estos robolucionarios, hay que mandarlos hacer turismo para Varadero o de lectura en las cárceles venezolanas. Ese turismo, aunque usted no lo crea, también es de aventura. Hay que escoger.